Cinco ideas equivocadas sobre los cuidados paliativos pediátricos

Un niño pequeño con una camisa a cuadros azules utiliza un estetoscopio para auscultar a un médico que lleva una bata blanca, lo que refleja la importancia del autocuidado de los profesionales de cuidados paliativos.

«Su hijo necesita cuidados paliativos pediátricos»

Hay frases que parecen detener el tiempo. Para muchas madres y muchos padres, escuchar estas palabras provoca una reacción inmediata. No porque comprendan exactamente su significado, sino porque creen hacerlo. En apenas unos segundos aparecen ideas asociadas al final de la vida, a la ausencia de tratamientos o a la sensación de que ya no queda nada por hacer.

Sin embargo, esa interpretación suele estar muy lejos de la realidad.

Los cuidados paliativos pediátricos continúan siendo una de las áreas más incomprendidas de la medicina. Durante décadas, la sociedad ha asociado el término cuidados paliativos casi exclusivamente a los últimos días de vida y esa percepción sigue condicionando la forma en que muchas familias reciben una noticia que, en realidad, pretende ofrecerles más apoyo, más recursos y una mejor atención.

Muchos de los mitos sobre cuidados paliativos pediátricos nacen precisamente de esa asociación. No son un simple problema de lenguaje: pueden generar miedo, retrasar el acceso a equipos especializados y dificultar que las familias conozcan desde el principio un modelo de atención pensado para acompañarlas desde el diagnóstico.

Estas son cinco de las ideas equivocadas que todavía hoy dificultan comprender qué son realmente los cuidados paliativos pediátricos.

«Los cuidados paliativos pediátricos empiezan cuando no se puede hacer más»

Es, probablemente, la falsa creencia más extendida y la que alimenta todas las demás.

Durante mucho tiempo hemos entendido los cuidados paliativos pediátricos como el último recurso de la medicina, el momento en el que los tratamientos dejan paso únicamente al confort. Sin embargo, en pediatría esa visión resulta profundamente incompleta.

Los cuidados paliativos pediátricos pueden incorporarse desde el diagnóstico de una enfermedad incurable o que limita la vida, mientras el niño continúa recibiendo tratamientos dirigidos a su enfermedad siempre que estos aporten beneficio.

No sustituyen a otros especialistas ni representan una renuncia terapéutica. Se integran con el resto de la atención para responder a necesidades que el tratamiento médico, por sí solo, no puede cubrir.

Porque una enfermedad incurable no solo necesita medicina.

También necesita cuidado.

«Solo se atiende a niños que están al final de la vida»

Cuando pensamos en cuidados paliativos solemos imaginar los últimos días de una enfermedad. Pero la realidad de los niños con enfermedades incurables es mucho más compleja.

Muchos de ellos conviven durante años con patologías que limitan su vida y generan necesidades físicas, emocionales y sociales muy diversas. Durante ese tiempo siguen creciendo, aprendiendo, jugando cuando su estado lo permite, celebrando cumpleaños, construyendo relaciones y compartiendo momentos con su familia.

Entender cómo cambia la vida ante una enfermedad incurable de un hijo permite comprender por qué este acompañamiento debe comenzar mucho antes de los últimos días de vida. 

Los cuidados paliativos pediátricos acompañan precisamente esa vida.

Su objetivo no es intervenir únicamente al final del recorrido, sino ofrecer apoyo durante todo el proceso, anticiparse a las dificultades y ayudar a que el niño y su familia puedan vivir con la mayor seguridad y bienestar posibles.

En otras palabras, no esperan a que ya no quede nada por vivir.

Empiezan cuando todavía queda mucha vida por acompañar.

«Los cuidados paliativos pediátricos sirven solo para aliviar el dolor»

Aliviar el dolor y otros síntomas es una parte esencial de los cuidados paliativos pediátricos. Pero reducirlos únicamente a ese aspecto significa ignorar la verdadera dimensión de este modelo de atención.

La enfermedad afecta al niño, pero también transforma la vida de quienes le rodean. Cambia la organización familiar, altera la infancia de los hermanos, condiciona el descanso de los cuidadores y obliga a tomar decisiones difíciles de forma continuada.

Por eso, los cuidados paliativos pediátricos reúnen a profesionales de distintas disciplinas que trabajan de forma coordinada para responder a todas esas necesidades.

Fisioterapia, terapia ocupacional, musicoterapia, psicología, trabajo social o atención espiritual no son servicios aislados. Forman parte de una misma manera de entender el cuidado, en la que la atención no se centra únicamente en la enfermedad, sino también en la vida que continúa desarrollándose alrededor de ella.

Dentro de esta atención integral, los Equipos de Atención Psicosocial (EAPS) desempeñan un papel específico en aquellas necesidades que van más allá de lo estrictamente clínico. Psicología, trabajo social y atención espiritual permiten acompañar el impacto emocional, familiar y social de la enfermedad, así como los procesos de duelo y, cuando es necesario, el bienestar de quienes acompañan profesionalmente estas situaciones.

En Fundación porqueViven, este acompañamiento se desarrolla a través de nuestro Equipo de Atención Psicosocial (EAPS), integrado en el Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de Fundación ”la Caixa” y especializado en cuidados paliativos pediátricos. Su trabajo complementa la atención sanitaria tanto en el ámbito hospitalario como domiciliario.

Si quieres conocer con mayor profundidad su labor, explicamos qué es un Equipo de Atención Psicosocial (EAPS) y cómo ayuda en cuidados paliativos pediátricos.

Cinco mitos sobre cuidados paliativos pediátricos y su realidad
Cinco ideas equivocadas que todavía condicionan la forma de entender los cuidados paliativos pediátricos.

«Cuidados paliativos pediátricos implica renunciar a la esperanza»

Pocas ideas generan tanta resistencia como esta.

Aceptar cuidados paliativos suele interpretarse como asumir que ya no existen alternativas o que la familia ha dejado de luchar por su hijo. Sin embargo, esa asociación parte de una comprensión muy limitada de lo que significa esperar.

Cuando una enfermedad no tiene cura, la esperanza no desaparece.

Se transforma.

Puede consistir en aliviar el sufrimiento, controlar mejor los síntomas, evitar ingresos innecesarios, facilitar que el niño permanezca en casa, apoyar emocionalmente a los padres o ayudar a los hermanos a comprender lo que está ocurriendo.

Los cuidados paliativos no obligan a una familia a renunciar a aquello que espera para su hijo.

Ayudan a adaptar los objetivos del cuidado a cada momento de la enfermedad y a aquello que sigue siendo importante para el niño y su familia.

«Los cuidados paliativos pediátricos son solo para el niño»

Quizá esta sea una de las ideas equivocadas menos visibles y, al mismo tiempo, una de las más importantes.

Cuando un niño tiene una enfermedad incurable, toda la familia convive con esa realidad. Los padres reorganizan su vida alrededor de los cuidados, los hermanos experimentan cambios profundos en su día a día y, en muchas ocasiones, también los abuelos u otras personas cercanas asumen nuevas responsabilidades.

Por eso, los cuidados paliativos pediátricos entienden que el paciente nunca está solo.

La familia forma parte del cuidado.

Acompañar psicológicamente a los padres, ofrecer apoyo social, atender las necesidades de los hermanos, facilitar momentos de respiro, ayudar a tomar decisiones complejas o, sencillamente, saber cómo acompañar cuando las palabras no alcanzan, no son actuaciones complementarias. Constituyen una parte esencial de un modelo asistencial que entiende que cuidar a un niño implica cuidar también a quienes hacen posible su bienestar.

Y ese acompañamiento plantea preguntas muy concretas: cómo hablar con los hermanos, cómo afrontar determinadas decisiones, qué ocurre con el duelo o cómo acompañar cuando no sabemos qué decir. En 6 preguntas sobre atención psicosocial que se hacen las familias abordamos algunas de las que con más frecuencia encuentran los EAPS en su trabajo cotidiano.

Entender los cuidados paliativos pediátricos permite acompañar mejor

Las falsas creencias no desaparecen únicamente ofreciendo definiciones más precisas. Cambian cuando comprendemos por qué son erróneas y descubrimos la realidad que esconden.

En Fundación porqueViven lo vemos cada día. Muchas familias llegan con miedo cuando escuchan por primera vez la expresión cuidados paliativos pediátricos. Sin embargo, ese miedo suele dar paso al alivio cuando descubren que nadie les está diciendo que dejen de luchar por su hijo. Lo que se les está ofreciendo es un equipo dispuesto a caminar junto a ellos, aliviar el sufrimiento, anticiparse a las dificultades y acompañarles en cada etapa de un recorrido que, aunque no tenga cura, sigue estando lleno de vida.

Porque los cuidados paliativos pediátricos no representan el momento en que la medicina deja de actuar.

Representan una forma de seguir cuidando cuando una enfermedad no puede curarse.

Y mientras sigamos asociándolos únicamente al final de la vida, muchas familias seguirán llegando demasiado tarde a una atención que podría haberlas acompañado mucho antes.

 

Autor

  • Aurora Martínez Monroy, psicóloga sanitaria de Fundación porqueViven

    Psicóloga sanitaria especializada en cuidados paliativos, psicooncología y duelo. Forma parte del equipo de atención psicosocial de la Fundación porqueViven, en el marco del Programa de Atención Integral a personas con enfermedades avanzadas de la Fundación "la Caixa".

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